Pienso que el trabajo docente debe ir de la mano con lo
propuesto en el protocolo específico de atención al acoso escolar, ya que el
mismo nos proporciona información sobre el tema y acciones a seguir desde los
niveles de prevención, hasta los de enfrentar la situación en contextos reales,
de manera que resulta una gran guía para que los docentes sepamos qué hacer. Asimismo,
el protocolo deja claro que la atención a esta problemática involucra la participación
de otros agentes sociales como lo son la familia, amigos y en ellos, a toda la
comunidad, de manera que esto hace que los docentes no nos sintamos solos y más
bien debe motivarnos para informar a los padres de familia y vecinos en general
sobre el rol que ellos también tienen de prevenir, atender y denunciar este
tipo de abusos, instándolos, por ejemplo, a leer este protocolo desde el primer
día que los encargados llegan a matricular a sus hijos a la escuela o colegio,
ya sea que se les entregue un panfleto con información y pasos puntuales, o porqué
no, que el centro educativo se organice y pague un megafoneo donde se motive a
la comunidad a leer o informarse sobre el tema en la institución educativa o en
la web, ya que tanto los docentes como todos los ciudadanos somos responsables
de la formación de las futuras personas que se encargarán de conducir el
progreso de nuestro país.
No obstante, también considero que es responsabilidad y
parte de la profesión docente el hecho de buscar asesoría y orientación
profesional (psicólogos, orientadores) que
nos ayuden a cambiar mitos, estereotipos, y prejuicios que no nos permitan
comprender la gran variedad de tipos de personas que podemos tener como
alumnos; es decir, buscar capacitaciones, charlas, de formación y talleres que
nos conduzcan a ser docentes más receptivos, de mente más abierta, más
compresivos y flexibles ante lo que difiere de nosotros mismo y de nuestras
creencias, para que así podamos generar una educación verdaderamente inclusiva,
donde al menos desde nuestra posición se minimicen los efectos del bullying que
estudiantes matones comienzan a generar sobre estudiantes víctimas, porque
muchas veces, los mismos docentes permitimos el bullying de maneras directas o
indirectas producto de nuestras propias creencias y valores.
Además, pienso que al igual otros profesionales como
doctores y farmacéuticos se mantienen en una constante actualización sobre
nuevas técnicas quirúrgicas y medicamentos, o los abogadores, a través de la
creación de nuevas leyes y derechos humanos, así también los docentes debemos mantenernos
en un constante aprendizaje de elementos que van desde lo académico hasta
cuestiones de diversidad humana, tolerancia, valores, estereotipos que
necesariamente son parte de cada contexto educativo, porque cada persona, cada
estudiante trae consigo un pasado y una formación que merece respeto,
tolerancia, comprensión, admiración y deseo de conocerse.